EL POETA DE LA BREVEDAD

sábado, 26 de mayo de 2012

ANDRAJOS DE UNA MAÑANA DE MAYO

Andrajos de mí sobrevolando entre las sobras

desdibujados entre las sombras de las casas y los rincones más abruptos de la noche

Deshilachadas las ganas volcadas en ti regresan

como en fugaces suspiros

junto a los exorcismos del placer


Escombros de un muro

que separa las dos partes de mi


Tu entrega y la entrega da tus cenizas tras la quema del disfraz

desnuda corres gritando entre multitudes enardecidas

odiadas y odiantes

estimuladas y estimulantes del terror que habita en mi

Como onerosos sicarios de tempestades últimas brillan tus zapatos sobre la alcoba bajo llagadas manos apuntalando el camino


También están los que admiro

esos raros hombres con nombres que pronto olvido

y veo nítida la encrucijada de la duda

y la burla maldita hacia ti


Pedazos de mi entorpeciendo la maquina

engranándose en la grasa de sus manjares

esperando la armonía negada

al nacer

al caer en el tiempo


Como un bucanero de charquitos de lluvia

héroe temeroso soñando mundos con espada en mano

cobarde bufón del reino


El cuerpo me sufre, se alimenta, se mata

se enrosca en las frazadas del invierno y suda fulgores de estrella

despreciado por un sol ominoso y mortal

asesino y demiurgo de mi mirada pequeña


Había momentos en que llovía detrás del cristal más allá de mi ventana sobre la vereda acolchada de acacias y la cruda brea sobre la tierra.

Se empañaban los misteriosos objetos de la óptica

fantásticas proezas eran realizadas entre ventarrones anónimos,

soplaban los vientos sobre las chapas cuando divisaba las nubes de esa mañana,

llegándose, arrastrándome, irguiéndose en mis andrajos,

desdibujando mi sonrisa entre sus sombras,

alertándome de alguna esperanza.


N.M.A.C

No hay comentarios:

Publicar un comentario