EL POETA DE LA BREVEDAD

lunes, 3 de febrero de 2014

ANATEMAS - PRELUDIO OBSESIVO

PRELUDIO OBSESIVO


DÍA DE OTOÑO


Señor, el tiempo está cercano. Fue muy largo el estío.
Posa tu sombra en los cuadrantes solares
y sobre la llanura desata los vientos.
A los postreros frutos ordénales madurar,
Concédeles aun jornadas más serenas,
apremia su sazón, y exprime la suprema
dulzura de los zumos en el pesado vino.

El que no tiene casa no la levantará ya más,
el que está solitario, quedará largo tiempo
leyendo y prolongando sus cartas y vigilias,
y agitado irá de aquí para allá
a lo largo del sendero donde gira la hojarasca.


Rainer, Maria Rilke.




PRELUDIO

Esa ira que todo lo atraviesa, llega al fin hasta mí. Hasta esto que soy, hasta esta construcción producto de la historia.
Esa ira promete romper con todo, hasta con mi conciencia, y mi creencia transformada en verdad, presa de un acostumbramiento selectivo, fundamento de mi ser en sociedad, mi –yo- en- la- sociedad.
Un día me sucedió la muerte, con toda la potencia del suceso, me sucedió a mí y su cruda silueta todo lo destruyó. Hasta mí mascara se rompió en mil pedazos.
Ese día vi mis cadenas, mi imposibilidad, los rostros de los amos, y me comprendí entre la historia: fugaz, efímero, cubierto de lodo y necesario.

Las tripas revueltas frente a un gran espejo que me devolvía la ansiedad de un animal hambriento, ¡un omnívoro ansioso que se refleja en la tristeza de sus ojos!
La tristeza: sensación confusa, a veces transformada en angustia.
La tristeza: levedad en el vacío, preludio de la espera.
La angustia: dolor en el vacío, preludio de la desesperación

Las tripas revueltas frente al gran espejo, temblando de miedo.
El temblor: reacción frente al mundo desnudo.
Mi mundo-este-mundo: construcción de mi condición miserable.
Mi condición de miserable: una perspectiva frente al mundo.

El esfuerzo de mi memoria por rescatar el pasado y darle existencia es a menudo titánico. Reniego del abandono en el tiempo, de nuestro abandono al mundo. Reniego del mundo.

¿Quién me rescatará del olvido?
Nadie.

¡Debo ser fuerte!
Pura ilusión.

La memoria es frágil, errática, incapaz de acceder a la totalidad del recuerdo, incapaz al fin y al cabo de rescatarnos del olvido.
Mi memoria: preludio de la nada.
La épica es incapaz de rescatar al miserable, el es un héroe pero de su preciso y trágico olvido.

La revolución está adentro, nace ahí, bien adentro.
La revolución debe mezclarse en el mundo y destruirlo, la esencia de la revolución es la destrucción. La revolución del miserable es su propia destrucción.

Cada vez que el sol cae y tiñe de amargura la luz de mis ojos intento razonar, despejar dudas para recostar mi cuerpo, un cuerpo previsible que se arrastra sobre la tierra. Nada me convence de razón suficiente, todo me recrea el hambre de cenizas.
En el fondo no hay luz, solo el lodo que ahoga y deglute mis palabras.

Suelo levantar la cabeza, despejar la mirada y sentir la extrema ansiedad de derribar los muros y buscar una luz. Una luz que devele el manto de las cosas.

Mis contradicciones me mantienen vivo. La certeza mata al hombre en el hombre, lo convierte en objeto de su propia ficción, lo subvierte en un alucinado asesino intentando imponer su mundo interior. Imponer al hombre que hay en él.
El hombre es una construcción, al fin y al cabo una idea dentro de otra idea que es la historia retroalimentada y sedienta de sangre, implacable bestia voraz. Y el hombre solo desea ser-el-hombre para los demás hombres.

El miserable es un resentido feroz sin opción a la gloria y temeroso de su muerte. Aunque en el anida la envidia, motor de la revolución de su corazón opaco o colapso de sus latidos en un mundo que no lo escucha.
Este hombre es una construcción posmoderna, vital, negativa. El miserable es tu rostro frente al gran espejo. El génesis de la detonación de la pesada máscara de ese mundo en el que ha sido concebido.
El miserable soy yo.

“El individuo a luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.”

Friedrich Nietzsche

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