EL POETA DE LA BREVEDAD

domingo, 27 de septiembre de 2015

CÍCLOPE DE BARRO

CÍCLOPE DE BARRO


Un ojo de Dios me observa con su mirada fija y poderosa. Todo lo ve su pupila de fuego entre el sueño y la vigilia, en la poesía y el fin. El tuerto rey, sublime majestad del ciego en su destino. Al corazón el trono le hiere. Esperan y fallecen. Crujen las venas, corre la sangre enceguecida en su marcha en la oscuridad.

El tuerto es rey se sabe, el ciego un lacayo más. En el país de la evidencia clara se divisa la estación del ayer, ahí está la clave. El hoy es monstruoso, el futuro inaccesible, irreal y solo posible.

El tuerto es rey del día y su negrura y cuando cabalga la noche quien lee las penumbras no tiene tuertos ni rey.


lunes, 21 de septiembre de 2015

BREVE SOLILOQUIO CONTRA UNA PARED

La vida, el tiempo, la espera
el absurdo vaivén
la angustia
la nada
un largo soliloquio con tu sombra en la pared
el sol una estrella que se apaga
el universo inexpugnable
y el lamento en el fondo de un agujero incomprensible

Y decirme
y decirte
que te amo
y que tan solo eso importa
que la soledad brutal y amarga languidece
aunque sabe
que mas temprano que tarde
izará sus banderas de triunfo.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

SOBRE LA LIBERTAD



SOBRE LA LIBERTAD

En los hambrientos
en los aplastados reside aún una violencia primitiva
libertadora
hambre y deseo
instinto
furia animal
gérmenes de destrucción del régimen establecido

Y la esperanza como una virulenta enfermedad

que amenaza con devorar las tripas del gran cerdo

martes, 15 de septiembre de 2015

EL TIEMPO


       EL TIEMPO


En el paraíso el hombre no tenía más que perseverar para continuar gozando. Sin ninguna lucha interior, sin tentaciones desde dentro y sin turbación.
 El vivía en paz en el lugar de su beatitud. Pero el hombre prefirió transgredir un orden fácil de respetar. 
Dios solo le imponía la obediencia, prevaleciendo en el hombre su orgullo de simio racional y el deseo de igualar a su amo a quien secretamente envidiaba. Y fue esta confianza en si mismo la que lo hizo abortar su felicidad: su eternidad de parásito.
El hombre a imagen y semejanza de su Padre quiso brillar por si mismo, comió del fruto y engendró la culpa de la que no estimaba hacerse responsable.
Expulsó Dios al hombre del paraíso y comenzó este su propio camino cargando en el morral el invento mortal del pecado. Convirtiese así al fin con su hipotecada imperfección en un ser original.
A veces suscita en la vida el deseo de una segunda y definitiva caída: la del suicidio. Ese apagón voluntario de la luz.
La caída, literal impulso al abismo, al ahogo, al desnucamiento, al balazo o la sencilla laxitud de la caída en una fosa.
Suicidio, necesidad, vértigo, excitación y locura.

El hombre necesita caer. La caída es su esencia, su verdadera naturaleza.