EL POETA DE LA BREVEDAD

domingo, 27 de septiembre de 2015

CÍCLOPE DE BARRO

CÍCLOPE DE BARRO


Un ojo de Dios me observa con su mirada fija y poderosa. Todo lo ve su pupila de fuego entre el sueño y la vigilia, en la poesía y el fin. El tuerto rey, sublime majestad del ciego en su destino. Al corazón el trono le hiere. Esperan y fallecen. Crujen las venas, corre la sangre enceguecida en su marcha en la oscuridad.

El tuerto es rey se sabe, el ciego un lacayo más. En el país de la evidencia clara se divisa la estación del ayer, ahí está la clave. El hoy es monstruoso, el futuro inaccesible, irreal y solo posible.

El tuerto es rey del día y su negrura y cuando cabalga la noche quien lee las penumbras no tiene tuertos ni rey.


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