FICCIONES DE UN MUNDO POSIBLE

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HIPOCRESÍAS


¿Que te puedo decir si estás podrido del sistema, si estás harto de ser un numerito más, que te puedo decir cuando decís que es muy injusto el orden de las cosas?


¿Qué te puedo decir si me confesás que no conociste el mar, que la vida se te pasó rápido entre fríos y calores insoportables?

Acaso invitarte a una aventura, acaso prometerte como tantos lo que la vida nunca te va a dar. 

Seguro te reirías con el cerco de tus dientes reflejando la pobreza.


Pero viste que es cuestión de suerte, 
porque 
¿cuál es la diferencia entre tus huesos y los del rey ?

Entonces por cuestiones del azar,
 andás por ahí tratando de levantar cabeza
 no tenés ni para un medicamento contra la gripe.

Hay manos que de arriba sueltan migas y vos a los manotazos querés agarrar el pan, 
pero tus brazos son cortos
 y el garrote es largo,
muy largo y pesado.

¿Qué te puedo decir más que suerte con lo que te toca?

ya estás demasiado viejo para esperanzas,
 te queda es esperar la muerte con dignidad.

Acaso tienen fundamento mis palabras
 llenas de codicia,
 acaso no tienen vergüenza,

A lo lejos desde la azotea de un palacioalguien llora
 mientras otros
 se comen la basura.

Te miro cuando te vas,
 sucio, acabado.

¿La esclavitud se ha abolido? 

Que te puedo decir yo con este frío,
 si lo primero que hago cuando te veo,
 es darle dos vueltas a la llave de mi puerta.



N.M.A.C.

ANDRAJOS DE UNA MAÑANA DE MAYO

Andrajos de mí sobrevolando entre las sobras
desdibujados entre las sombras de las casas 
y los rincones más abruptos de la noche

deshilachadas las ganas volcadas en ti regresan
como en fugaces suspiros

escombros de un muro
que separa las partes de mi

tu entrega y la entrega
tus cenizas tras la quema del disfraz

desnuda corres gritando
entre multitudes enardecidas
odiadas y odiantes
estimuladas y estimulantes
del terror que habita en mi

brillan tus zapatos sobre la alcoba
bajo el camino

también están los que admiro
esos raros hombres con nombres que pronto olvido

veo nítida la encrucijada de la duda
 la burla
pedazos de mi entorpeciendo la maquina
engranándose
enroscado en las frazadas del invierno 
despreciado por un sol ominoso y mortal.


Había momentos en que llovía detrás del cristal más allá de mi ventana sobre la vereda acolchada de acacias y la cruda brea sobre la tierra. Se empañaban los misteriosos objetos de la óptica y fantásticas proezas eran realizadas entre ventarrones anónimos.

Soplaban los vientos sobre las chapas cuando divisaba las nubes de esa mañana, llegándose, arrastrándome, irguiéndose en mis andrajos,
dibujando mi sonrisa entre sus sombras, alertándome de alguna esperanza.

Una mañana de mayo.



N.M.A.C